Imaginate la vida como un campo de batalla. Hay varios frentes de fuego abiertos, varios bandos, varias metas por las que luchar, tal vez ideales, y sólo con balas llenas de palabras. El valiente es el que sigue aquella máxima de "Prefiero morir de pie que vivir arrodillado" y recibe palabras al mismo tiempo que las profiere. Ya se ha cobrado unas cuantas victimas, que presas de dolor, han hincado la rodilla sobre el campo de batalla. Otros parecen repelerlas con argumentos bien formados, pero ante el fervor del guerrero, van perdiendo fuerza y acaban muriendo en un susurro. Y por el otro lado está el cobarde. Aquel que se arrodilla en cuanto escucha una palabra más alta que la otra. No tiene defensa posible, carece de argumentos, y solo se puede defender, de vez en cuando, con algun que otro grito que se pierde, entre el fragor de la batalla.

No es tiempo para valientes, pero mucho menos para cobardes. El cobarde ante la adversidad se resguardará en la trinchera que le proporciona el tiempo, pensando aquello de "ya pasará, ya lo haré, déjalo estar..." Y así piensa que mientras otros se enfrentan a la realidad, él sigue cobijado en su mundo de fantasía, donde sin saberlo, el tiempo es su mayor verdugo. Sucede entonces, que cuando sale de la trinchera, donde ha estado resguardandose del mundo que le rodea, se da cuenta de que todo es diferente, de que todo ha cambiado y él se encuentra en mitad de otra realidad completamente diferente, en la que ya nada tiene sentido. Pasaron oportunidades, volaron palabras duras, pero también amables. Unas las evitó, las otras las perdió para siempre.

Él siempre pensó que las palabras a veces son peores que las balas, porque las balas hieren por fuera, pero las palabras te matan por dentro. Por eso tal vez no quiso enfrentarse a ese fuego cruzado de palabras, por miedo a seguir vivo por fuera, pero haber muerto por dentro. El caso es que dejó de luchar por aquello en lo que creía y por eso, una vez trasncurrido el tiempo, está absolutamente perdido. Sin rumbo, sin ideales, un poco más viejo por fuera, pero tan muerto por dentro, como si alguna de aquellas balas le hubieran alcanzado.

No hay un luego, ni un camino para la felicidad, ni tan siquiera una fórmula mágica, la felicidad es ahora. El tiempo no espera a los cobardes. Aprende a apreciar cada momento que vives y aprecialo más si lo compartes con alguien especial; tan especial que lo llevas en tu corazón y recuerda que el tiempo no espera por nadie.

Así que deja de esperar hasta que termines tus estudios, hasta que te enamores, hasta que encuentres trabajo, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que se vayan de casa, hasta que te divorcies, hasta que pierdas esos quilitos de más, hasta el viernes por la noche, hasta que la lluvia amaine o hasta que te mueras, para decidir que no hay mejor momento que justamente este, para ser lo suficientemente valiente como para sentirte feliz.