¿Si adivino? Adivino en esos ojos brillos olvidados en noches de luna llena, y el aroma a salitre mientras vuelo en sueños sobre mundos de fantasía. Adivino en un poema que habla de ninfas, duendes y flores que aún queda algo por lo que seguir luchando. No entiendo en cambio la manera en la que un vendaval dobla arboles y deja en carne viva sus raíces pudriendo su interior como si de una flor marchita se tratase. ¿Paradoja? No lo sé, pero soy ese árbol derrumbado. Cientos de años observando la alegría del amanecer y cierta nostalgia al despedir al sol y cuando creo haber alcanzado todo mi esplendor, cuando creo poder llegar tan alto como para quemar mis ramas al rozar el sol, entonces el viento arrecia una vez más. Soporté todo tipo de tormentas, pero esta vez no sabía si podría resistir una más. Así que el viento sopló con fuerza, mis raíces seguian dolidas por antiguas heridas, intenté aferrarme a la roca, al barro, a otras raices, en vano. Me vi caer. Sentí dolor. Luché hasta el fín. Y por fín probé el amargo sabor de la derrota.
La tormenta se fué, pensé si realmente fuí feliz. Contigo o sin tí llegue a ser yo ¿o no? Lo logré, ¿o tal vez fracasé? Te hice sonreir, te di sombra y cobijo. Pero morí.Después de todo no se si te tuve o cuándo te perdí. Pero lo que sí sé, es que contigo soy y contigo fuí.
El árbol alimentó las llamas de un cálido hogar. Allí ardieron sueños, ilusiones, tristezas, poemas que hablaban de flores, ninfas y duendes. Allí te quemaste conmigo.
Sin embargo, al caer el árbol, una semilla se desprendió. Ahora, en el mismo hueco que dejó su padre, otro roble se asoma como una jóven planta. ¿Adivinas? Creo que está naciendo otro amor.
Autor: Xelaoy



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